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Mis Historias y Poemas

Ahora es tambien un Cajon de Sastre donde tienen cabida todas las cosas que me llaman la atención.

Aunque mi gran pasión es leer y escribir, hay muchas cosas más que me interesan y poco a poco las ire publicando en este blog.

Saludos
C. Vera
carveves@hotmail.com

Frases para pensar

Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora. -Anonimo

"Existen dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo".-Wilde

Un amigo es el que lo sabe todo de tí y a pesar de ello te quiere -Anonimo

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El Rincon romantico


PROLOGO

 

 

Kingston, a las afueras de Londres, 1812

Maggy suspiro aliviada cuando la puerta de la habitación se cerro al salir el posadero en busca de su cena, estaba exhausta, llevaban viajando dos días sin apenas descanso, salvo para cambiar los caballos de tiro por el camino, era la primera noche que dormiría en una cama desde que comenzaron el viaje desde Holwell en el condado de Dorset.

Maggy tenia prisa por llegar cuanto antes a Londres, tras recibir la nota de su tío, el conde de Blackfor, donde la pedía que fuera lo más urgente posible a su residencia londinense, donde debería hacerse cargo de su rebelde prima que según la había escrito su padre, se encontraba envuelta en un posible escándalo y amenazaba con fugarse a Greta Green para casarse.

Estas noticias habían soliviantado a Maggy hasta la medula y había dado instrucciones de partir inmediatamente para Londres, con la esperanza de llegar antes de que nada irreparable sucediera. Muchas preguntas rondaban por su cabeza, pero decidió dejarlas a un lado y disfrutar de la tranquilidad de la habitación y descansar, algo la decía que pasaría bastante tiempo antes de que volviera a tener esta oportunidad.

Ella hubiera querido seguir su viaje, pero el cochero había insistido en que debían detenerse a pasar la noche en la Posada del Canto del Loco, en Kinsgton, donde el Conde de Blackfor siempre tenia una habitación reservada para él y su familia, alegando que estaría muy mal por su parte aparecer a altas horas de la madrugada en casa del Conde y mirándola de arriba a abajo la había dejado patente que su aspecto no era demasiado bueno, así que se conformo y acepto de mala gana la sugerencia de John, el cochero que su tío le había enviado.

Unos golpes suaves en la puerta la sacaron de sus pensamientos y se volvió para ver a una joven muchacha entrar con una bandeja, seguida de otra doncella que transportaba agua para poder lavarse.

Tras marcharse Maggy se quito el vestido arrugado con el que viajaba y fue hacia la jofaina para asease antes de cenar la ligera cena que la habían preparado, cuando termino se dirigió a la cama donde se durmió prácticamente de inmediato.

 

 

Stevens Blade, Marques de Dorset entro precipitadamente en la posada y fue directamente hacia el posadero.

- Buenas noches, Thomas.

- Milord – saludo Thomas con una ligera reverencia.

- Necesitare dos habitaciones más para esta noche – le informo el Marques - espero compañía. Haz que nos lleven la cena al saloncito privado.

- Si milord su …. – fue interrumpido al entrar dos nuevos caballeros en la sala, a los cuales reconoció como compañeros del marques.

- Dorset eres un tramposo, no hay quien te gane con ese caballo tuyo – resoplo el Conde de Surrey mientras intentaba recobrar el aliento tras la precipitada carrera.

A su lado estaba el Vizconde de Durham, los tres estaban catalogados de grandes libertinos por la sociedad aristocrática de Londres de donde huían hacia Weybridge, para pasar unos días en una fiesta de campo más de sus gustos y tratando de esquivar a las madres casamenteras que solo están interesadas en presentarles a sus jóvenes hijas presentadas en sociedad ese año.

Los tres eran un buen partido para cualquiera de esas madres, jóvenes, guapos, ricos y con títulos nobiliarios, así que artos de ser acosados habían decidido unirse a su amigo el Duque de Weybridge y salir de Londres durante una temporada.

El Marques camino hacia ellos, sin oír lo que el posadero le estaba diciendo de la señorita que ya ocupaba su habitación, juntos los tres se dirigieron al saloncito privado.

Era ya bien entrada la madrugada cuando el Marques entro tambaleante en sus aposentos y cerro la puerta con cerrojo antes de dirigirse a la cama, desvistiéndose por el camino, había bebido demasiado, se dijo así mismo, iba a dormir hasta bien entrada la mañana.

Justo cuando iba a dejarse caer sobre la cama, paro en seco al advertir, a la luz del fuego mortecino la silueta que la ocupaba.

Se paso la mano por los ojos intentando despejarse y centro la mirada en el cuerpo que ahora dormía profundamente en su cama, era una mujer, la fina camisola de seda se le había subido hasta medio muslo dejando ver unas piernas bien torneadas, la recorrió despacio con la mirada mientras absorbía la delicadeza de sus formas, su pecho generoso subía a ritmos lentos y armoniosos, su cabellera larga hasta la cintura, de un color castaño rojizo, se esparcía por las almohadas dándole color a la blancura de las sabanas, sintió su erección intentando librarse del confín de su pantalón.

Sonrió para si mismo dándoles las gracias a sus amigos por el detalle de enviársela y sin pensárselo dos veces termino de desvestirse y se unió con ella en la gran cama que dominaba la habitación.

Aparto su pelo de las almohadas y se recostó a su lado, arrimándose a su espalda, sus sentidos se llenaron con el aroma a lilas y miel que desprendía su suave cabellera, enredo sus dedos entre sus sedosos cabellos mientras que con la otra mano subía por sus caderas hacia su pecho, ella gimió levemente cuando acario su pezón erecto a través de la fina seda que la cubría, provocando en él una oleada de ardiente deseo, se apretó aun más contra ella, dejándola sentir su enorme erección en su espalda, su mano volvió a recorrer el camino anterior a la inversa sin dejar de acariciarla posesivamente transmitiéndole su necesidad en cada una de sus caricias, alcanzo el borde de su camisola y la aparto al mismo tiempo que se la subía, acariciándola el interior de los muslos, trazando un camino de fuego hacia el centro de su feminidad, que le esperaba suave y húmedo listo para él.

Con un esfuerzo sobrehumano logro apartarse lo suficiente como para ponerla de espaldas sobre el colchón.

Ella parecía seguir dormida con los ojos cerrados, pero sus suspiros y jadeos le indicaban que estaba disfrutando de sus caricias tanto como él, con un leve movimiento se coloco de rodillas entre sus piernas observándola como sus pechos se adivinaban turgentes con los pezones erectos apuntando hacia el cielo, sin poderse resistir, rasgo la fina tela hasta dejarlos libres. Gimió profundamente ante la visión que se le ofrecía y se inclino para succionarlo y devorarlo con su boca.

Mientras que su mano encontró el centro de su feminidad y lo acaricio suavemente para estimularlo. Ella gimió y se abrió a él dándole un mejor acceso a su feminidad, mientras se retorcía de placer bajo su cuerpo buscando la profundidad de sus caricias.

Eso fue todo lo que necesito para dar rienda suelta a su pasión, abandonando su pecho se tumbo sobre ella y la penetro completamente de una sola embestida.

Maggy grito y abrió los ojos sobresaltada por el inmenso dolor que sentía, ahora se encontraba totalmente despierta mirando horrorizada la cara del hombre que tenia encima de ella, intento gritar de nuevo.

Stevens comprendió en ese momento que ella no había sido consciente de sus actos hasta ese momento, y encima era virgen, susurro una maldición al comprobar su error, intento mantenerse lo más inmóvil posible dando la oportunidad a su cuerpo de adaptarse a él, antes de retirarse sin causarla más daño.

Vio como sus ojos le miraban aterrados y adivino que volvería a gritar asustada, antes de que se diera cuenta atrapo su grito con sus labios. Sin ser enteramente consciente de sus actos, dominado por el deseo que sentía, comenzó a besarla apasionadamente.

Maggy sintió la invasión de su lengua avasalladora quemándola en su boca e intento golpearlo para alejarse de él, pero un estremecimiento de deseo la dejo débil e indefensa a expensa de sus deseos que eran los mismos que ella sentía, comprobó en medio de la neblina que dominaba sus pensamientos, respondiendo a sus besos con la misma pasión, entrelazando su lengua con la suya y explorando cada rincón de su boca con el mismo ardor, reconociendo el sabor a brandy que la embriagaba como el más potente de los afrodisíacos y sus sentidos se desbordaron completamente con su sabor.

Poco a poco comenzó a moverse debajo de él, buscando saciar la pasión que la consumía.

Stevens sintió como sus caderas se elevaban buscando un mayor contacto con su cuerpo y perdió todo el autocontrol que le quedaba, deseaba a esa mujer con locura, sino conseguía hacerla suya moriría, con movimientos precisos comenzó a retirarse de su cuerpo para embestirla de nuevo más profundamente.

Juntos alcanzaron un ritmo salvaje que los llevo al clímax al unísono, transportándolos al séptimo cielo.

Stevens rodó sobre su costado estando aun dentro de ella y la abrazo fuertemente contra su pecho mientras intentaba recuperar la respiración, sintió como su cuerpo se amoldaba perfectamente al suyo y con un suspiro de placer cayo rendido en el sueño.

Maggy se separo con cuidado de sus brazos para mirar la cara del desconocido al que acababa de entregar su virginidad y se quedo sorprendida de verlo profundamente dormido, con una sonrisa de satisfacción adornando su dulce boca. Una ola de vanidad la invadió al saberse responsable de ella.

Suspiro tiernamente y volvió a colocar su cabeza sobre su pecho recostándose de nuevo junto a él, sus brazos automáticamente la atraparon posesivamente y la acercaron aun más a él, con un gemido de gozo volvió a dormirse a su lado.

Maggy se despertó con las primeras luces del alba, se levanto y vistió, abandonando la habitación en el más absoluto silencio, continuando su viaje a Londres, eso era más importante que cualquier otra cosa, ya tendría tiempo de analizar lo ocurrido esa noche, aunque sorprendentemente no se encontraba arrepentida de lo ocurrido sino todo lo contrario, una sensación de felicidad anidaba en su corazón.

Stevens extendió su mano por la cama, buscando la calidez de su cuerpo pero la encontró vacía, poco a poco abrió los ojos y el fuerte resplandor del sol de la mañana le golpeo de lleno, teniendo que volverlos a cerrar hasta que se acostumbraron a la luminosidad de la mañana, junto con la resaca de la noche anterior.

Volvió a abrirlos despacio y recorrió con la mirada todo el cuarto, pero no hallo ni rastro de la misteriosa mujer, comenzaba a pensar que solo fue un sueño, cuando su mirada se detuvo en la mancha de sangre en el centro de la cama y una tonta sonrisa cubrió su cara al recordar lo que había ocurrido, un deseo primitivo volvió a dominarlo por completo, mientras su mente vagaba a la noche anterior.

De repente, salto de la cama y se vistió apresuradamente, en su mente solo había un pensamiento, tenia que encontrarla.

 

 

CAPITULO 1

 

Eran cerca del mediodía cuando Maggy se bajaba del carruaje ante la puerta de la mansión del Conde de Blackfor en Londres.

- Buenos días, Charles – saludo al mayordomo al entrar en el vestíbulo, le entrego su capa y los guantes – ¿Se encuentra mi tío en casa?.

- Si, Señorita. Milord esta en la biblioteca en estos momentos. – la informo mientras que la guiaba hacia allí.

Maggy espero a que le abriera la puerta de la espaciosa estancia donde las estanterías repletas de libros llegaban hasta el techo, suspiro ante la magnificencia de la biblioteca de su tío en Londres.

El Conde levanto la vista de los papeles que estaba revisando para fijarla en su sobrina, una enorme sonrisa cubrió su cara al mismo tiempo que se levanta e iba a su encuentro.

- Gracias a Dios que ya estas aquí – dijo aliviado mientras la besaba cariñosamente en la mejilla. – Debes ver a Clara enseguida y convencerla de que es una locura lo que pretende hacer. – observo mientras la daba la vuelta y la sacaba de la habitación cerrando la puerta tras ella.

Sin entender muy bien como, Maggy se vio de vuelta en el corredor antes de que pudiera haber abierto la boca, ni siquiera para saludar a su tío.

Debía haberlo sospechado, su tío pondría a Clara en sus manos en cuanto la viera y así se olvidaría del problema y volvería a su vida normal sin nada que le importunara. Ahora Clara era problema suyo.

Se encogió de hombros y camino hacia las escaleras, al piso superior donde se encontraban los dormitorios, esperaba que Clara estuviera allí, cuanto antes se enfrentara a ella y supiera exactamente lo que pasaba antes podría solucionarlo e intentar razonar con su rebelde prima.

- ¿Clara? – entreabrió la puerta de su cuarto llamándola.

- !Maggy! – su alocada prima se abalanzo sobre ella dándola un abrazo feroz. – que contenta estoy de verte. Tienes que ayudarme, aquí nadie me comprende – empezó a decir aturullada dejando totalmente confundida a Maggy.

- Bueno, pues ya estoy aquí – afirmo Maggy separándose de ella y hiendo a sentarse en una confortable silla tapizada en rosa claro y salpicada de finos tréboles verdes. – ¿Por que no empiezas desde el principio y me cuentas que ocurre exactamente?

Con paciencia vio como ella tomaba asiento en otra silla colocada al otro lado de la mesa, poniendo sus codos en la misma y apoyando su cabeza entre sus manos.

- ¿No te lo ha dicho Papa? – pregunto confusa Clara por su pregunta, vio como negaba con la cabeza. – Voy a casarme, he conocido al hombre de mi vida …. – aclamo soltando un largo suspiro, perdida en sus pensamientos

- Muy bien, si él también te quiere me alegro por los dos – afirmo cautelosa, ya que sospechaba que había mucho más en esa historia.

Se la quedo mirando expectante esperando que continuara explicándose, vio como se recostaba en el respaldo de la silla y apoyaba las manos sobre su regazo, por fin levanto la mirada de nuevo a ella y continuo.

- Solo hay un problema, el aun no lo sabe – Clara espero a ver la reacción de su prima ante estas palabras, pero Maggy permaneció estoica sin dejar entrever sus pensamientos – Te puedes creer que apenas si me miro cuando nos presentaron – afirmo enfadada – ¿A mi?, cuando los hombres no se cansan de repetir lo hermosa que soy en cada una de las fiestas a las que asisto, – resoplo indignada – ¿a mi?, que soy la más reclamada en todos los bailes y todos los días docenas de pretendientes vienen a golpear mi puerta con la sola esperanza de verme.

Maggy tuvo que hacer un supremo esfuerzo para no sonreír abiertamente ante las palabras de su prima.

Clara en realidad era muy hermosa, con su cara de corazón, sus labios turgentes y sus grandes ojos azules le daban una belleza muy de moda en esos momentos, si le sumamos su suave melena rubia y su delicada figura colmada de curvas situadas exactamente donde debían de estar, sus largas pierna y su estrecha cintura de avispa, si no era de extrañar que cualquier hombre la considerara hermosa, si a eso le añadimos que es hija de un Conde y una rica heredera, estaba claro que los pretendientes no serian escasos, aunque nunca en sus veintiún años había manifestado su deseo de casarse con nadie como hasta ahora.

- Por supuesto que eres hermosa – corroboró Maggy – pero no todos los hombres tienen los mismo cánones de hermosura – intento razonar con ella.

- Tonterías – resoplo mal humorada – solo necesita un empujoncito y listo. Nos casaremos en Greta Green.

Maggy se puso seria de repente al escucharla, sabia que Clara era capaz de hacer cualquier cosa con tal de salirse con la suya y sospechaba que en esta ocasión no iba hacer una excepción, en el fondo le daba pena el pobre hombre que había conseguido ganar su atención.

- Bien, vas a contarme que piensas hacer o me vas a dejar en ascuas. – le pidió con una sonrisa alentadora para que hablara.

- Muy sencillo, – afirmo con una sonrisa de satisfacción en la cara, completamente convencida de la sencillez de su plan – le pondré en una situación muy comprometida y haré que nos descubran – confirmo rotundamente – después no le quedara más remedio que casarse conmigo.

Maggy abrió los ojos como platos, totalmente espantada por las palabras de su prima, pero creyendo en que seria totalmente capaz de hacerlo.

- Estas loca – empezó a reprenderla, pero de repente se callo y cambio de táctica – seguro que es más fácil llamar su atención sobre ti que recurrir a esos métodos tan drásticos – sonrió para quitarle aspereza a sus palabras – además, estoy segura que no deseas que se case contigo en esas circunstancias. Podrías ser muy desgraciada si él decidiera vengarse.

- Lo he pensado – afirmo tranquilamente – pero estoy segura que después de unos días casados conseguiría hacerle desistir de su venganza, porque acabara completamente enamorado de mi – afirmo totalmente segura de sus palabras – seré una buena esposa y le haré feliz, ya lo veras.

Maggy se la quedo mirando largo tiempo en silencio, reconociendo la determinación de su prima, tendría que pensar más detenidamente en como hacerla cambiar de idea y que abandonara sus proyectos, no iba a ser una tarea fácil, ella estaba acostumbrada a salirse siempre con la suya y era terca como una mula, cuando se le metía algo en la cabeza, era prácticamente imposible hacerla cambiar de idea, pero esta vez se había pasado.

Maggy estaba determinada a hacerla desistir de semejante barbaridad, ahora entendía la desesperación de su tío al mandarla llamar, tomada esta decisión la miro de frente y la sonrió.

- Si piensa que ese es el mejor modo ….. – dejo la frase en suspenso – Al menos me dirás como se llama y como lo has conocido.

- Oh si …. – sus ojos se volvieron soñadores mientras la hablaba – se llama Harry Miller y es el Conde de Surrey, me lo presento Stevens, es uno de sus mejores amigos.

Maggy se puso rígida al escuchar el nombre de Stevens, el Marques de Dorset, sobrino de la dama de compañía de Clara que a su vez era cuñada de su tío, aunque ella no lo conocía personalmente, dado que nunca había estado en Holwell y cuando ella había ido a la capital, en muy pocas ocasiones y por poco tiempo, no habían coincidido, así que no tenia el placer de conocerlo, ni a ninguno de sus amigos, pero tampoco se sentía lastimada por ello por no encontrarse dentro de su circulo de amistades.

Dorset era conocido como un gran libertino, amante de las fiestas y se rodeaba de compañías de su misma calaña, se decía que eran el trío más libertino de Londres, el Maques, el Conde y el Vizconde, por sus camas habían pasado la mitad de las mujeres de Londres, no era un buen augurio que su prima se hubiera encaprichado precisamente de uno de sus amigos, ahora estaba más determinada que nunca a hacer desistir a Clara de su plan, un hombre así no se dejaría atrapar fácilmente y la reputación de su prima quedaría totalmente arruinada cuando él se negara a casarse con ella, como reparación a su honor.

Sabia que muchas Damas habían intentado atraparlos con sus ardides, no podía culparlas, guapos, jóvenes, ricos y pertenecientes a las mejores casas de la nobleza aristocracia.

Según le había dicho Clara en más de una ocasión Stevens evitaba estar en Londres para la Temporada y no solían asistir a los mismos eventos sociales, ya que él huía de las jóvenes casaderas y prefería dedicarse a las cortesanas.

Pero aparte de ello, parecía no haberse metido en ningún lió importante ni arriesgado su honor ya que las Damas se lo disputaban por que asistiera a sus fiestas, según Clara aparecía por un par de ellas a lo largo de toda la temporada, más por compromiso que por otra cosa.

El Marques de Dorset era respetado y admirado por sus iguales, debido a su gran destreza para los negocios y a sus poderosos contactos, eso hacia que le perdonaran su fama de libertino y así ser admitido en todas las fiestas de la alta sociedad londinense.

Maggy dejo de vagar en sus pensamientos e intento concentrarse en lo que Clara le estaba contando sobre el Conde de Surrey, al cabo de media hora se levanto y fue a su habitación a descansar antes de la cena, esa noche se había librado de acompañar a Clara en sus compromisos sociales, poniendo como excusa el cansancio del viaje, pero al día siguiente no tendría tanta suerte y tendría que acompañarla.

Una vez sola en su habitación dejo caer su peso contra la puerta y los recuerdos de la noche anterior, que tan hábilmente había conseguido apartar de su mente durante todo el día, volvieron a perseguirla, no se arrepintió en ese momento y no se arrepentía ahora, lo que había ocurrido en aquella habitación había sido algo mágico, especial y merecía haber ocurrido.

Maggy no se engañaba a si misma, con veinticinco años sabia que sus posibilidades de conseguir un marido eran escasas, si eso no era suficiente solo tenia que mirarse en el espejo para saber que no era una beldad, sino simplemente alguien del montón con ningún encanto especial, además de ser pobre y vivir de la misericordia de su tío.

Si lo cierto es que hacia mucho tiempo que había comprendido que ella no atraería nunca a ningún hombre digno de considerar y que nunca conocería el amor, así que se había volcado en su trabajo en la finca de su tío en Holwell, en dirigirla y administrarla lo mejor posible, dividiendo su tiempo entre sus dos grandes hobbys su investigación sobre la civilización egipcia y su pasión por las rosas.

Parecía que no tenia ninguna aspiración en la vida, pero no era verdad, secretamente deseaba viajar alrededor del mundo, sobre todo recorrer toda Europa, tal vez dentro de cinco o diez años habría reunido el dinero necesario para hacerlo y tuviera valor para lanzarse a la aventura, iba a ser duro abandonarlo todo para viajar y dejar atrás a las personas que quería, pero se lo debía a si misma.

Así que con estos planes de futuro, un marido solo seria un inconveniente que no le permitiría ver sus sueños hechos realidad.

La noche anterior era lo más parecido a un matrimonio que tendría en su vida, así que estaba agradecida de a ver tenido la oportunidad de disfrutarla y atesoraría ese recuerdo en su memoria para siempre.

Se obligo a apartarse de la puerta y se preparo para dormir.

- Esa noche nadie entraría a su habitación – pensó mientras una lagrima solitaria resbalaba por su mejilla, mientras se quedaba dormida.

 

 

 

CAPITULO 2

3 Semanas después, Londres, 1812

- Otra noche perdida – se quejaba Clara, enfuruñada, al volver de otra interminable fiesta.

Maggy no se encontraba de mejor humor que su prima, llevaba tres semanas en Londres y desde su llegada se había visto obligada a asistir noche tras noche a los bailes que la sociedad londinense daba en la ciudad en esas fechas.

Y noche tras noche habían buscado entre los invitados al misterioso Conde de Surrey, pero este no había aparecido, Maggy sonrió para si, tenia que reconocer su merito al no dejarse atrapar en esas insulsas fiestas, aunque ella se negaba a participar activamente, en cuanto podía se ocultaba entre las matronas y damas de compañía, evitando así las atenciones masculinas y convertirse en el centro del chismorreo de todo Londres.

Al menos esa noche se habían retirado temprano, apenas daban la medianoche, tenia que agradecer al malhumor de Clara, pero en el fondo deseaba que el Conde apareciera alguna vez, porque la paciencia de su prima se había terminado hacia mucho tiempo y aunque había conseguido convencerla de probar otros medios menos arriesgados para su reputación, con cada noche que pasaba sin tener noticias de él, mas desesperada y decidida se encontraba Clara a seguir con sus planes originales para casarse cuanto antes.

- Detén el carruaje – grito Clara desde su asiento, haciendo que ambas se golpearan con la pared posterior ante el súbito frenazo – ahí esta.

Maggy la miro estupefacta desde su asiento, enfrente de ella, en el carruaje, hasta que sus palabras penetraron en su mente y apartando las cortinillas de las ventanas se asomo al exterior, solo para ver entrar a dos hombres en una casa señorial de la zona y el mayordomo cerrar la puerta tras ellos.

- ¿El Conde? – se volvió hacia su prima que ahora rebuscaba frenéticamente algo en su ridículo.

- Pues claro que era mi Harry – contesto mientras seguía rebuscando hasta que encontró lo que buscaba – aquí esta, sabia que la tenia por algún sitio.

Maggy levanto una ceja interrogándola con la mirada, al tiempo que cogia la tarjeta que su prima le tendía, era una invitación de Lord Redffor a una fiesta en su casa.

- Otra fiesta – murmuro desilusionada para si misma, se fijo un poco más y vio que la dirección correspondía con la casa donde estaban, levanto la mirada y vio la determinación en la cara de su prima, presintiendo lo que ocurriría a continuación.

- Si, otra fiesta, a la que nosotras asistiremos – sonrió maliciosamente – pero esta no es una fiesta normal, es una fiesta de cortesanas – afirmo categóricamente y antes de que pudiera detenerla se había bajado del carruaje y se dirigía hacia la puerta.

- No pretenderás entrar ahí – corrió tras ella intentando hacerla entrar en razón.

Cortesanas, una fiesta de cortesanas, era donde los nobles iban con sus amantes o donde buscaban nuevas amantes a las que mantener cuando ya se habían cansado de la que tenian.

Y Clara quería entrar ahí, a Maggy la cabeza le daba vueltas y volvió a correr tras ella, llegando justo cuando el mayordomo les abría la puerta para que entraran y la cerro tras ellas, dejándolas en un amplio vestíbulo apenas iluminado.

Un lacayo apareció de repente a su lado y Maggy comprendió que esperaba sus capas, mientras que otro lacayo esperaba para acompañarlas al salón.

- Gracias – Clara sonrió al lacayo al mismo tiempo que se volvía hacia el otro – si no le importa ¿podría llevarnos al tocador? – pidió solicita – quisiéramos asearnos antes de unirnos a la fiesta – aclaro dedicándole una turbadora sonrisa cargada de inocencia.

Maggy observo como el lacayo se ruborizaba y quedaba prendido antes las atenciones que Clara le dispensaba y haciendo una reverencia las guió por el corredor rumbo a los tocadores de las damas.

Una vez dentro Clara se situó ante el espejo y con un rápido tirón se arranco el encaje que rodeaba el escote de su vestido de muselina, mientras se arreglaba el vestido para que sus pechos resaltaran mucho más y quedaran prácticamente la vista, luego se volvió hacia ella y procedió de la misma forma con su vestido.

- Ya esta, ahora estaremos más acordes con las cortesanas – se volvió a mirar de nuevo en el espejo y sonrió satisfecha del resultado.

Maggy había permanecido muda de asombro, incapaz de protestar o detener a su prima, sacudió repetidas veces la cabeza obligándose a reaccionar.

- ¿Estas Loca? – grito llena de estupor.

- No, solo estoy siguiendo tus sugerencias para llamar su atención – la miro a través del espejo – ahora lo entiendo, he sido una estupida, – soltó una irónica carcajada – lo estábamos buscando en las fiestas equivocadas.

Maggy tuvo que darle la razón en eso, esta no era una de las fiestas a las que acostumbraban a asistir y poco a poco fue entendiendo lo que su prima pretendía, no es que lo aprobara, pero era mejor que su plan original.

Quizás funcionara, al fin y al cabo, a lo mejor en este ambiente Clara tenia una oportunidad para hacerse valer como mujer ante él, pero lo dudaba, nunca había oído hablar de ningún noble que se casara con una cortesana.

Sacudió la cabeza, ya tendría tiempo de pensar en las consecuencias de sus actos, ahora tenia que concentrarse en intentar mantenerse a salvo y dañar lo menos posible sus reputaciones mientras permanecieran allí.

Se obligo a alcanzar a Clara que ya salía del tocador rumbo al bullicioso salón.

Que dios la ayudara, quien sabe lo que las depararía esa noche ni como acabaría, sintió un hormigueo en el estomago ante la expectativa y reconoció para si misma que podría ser divertido, ver como se comportaban aquellas mujeres y sus amantes.

Con estos pensamientos entro sonriendo placidamente en el gran salón al lado de su prima.

Apenas si habían dado tres pasos dentro del salón cuando se vieron asaltadas por cuatro caballeros que competían por llamar su atención.

Clara mucho más acostumbrada que Maggy a evitar este tipo de acosamiento no tuvo ninguna dificultad en deshacerse de ellos y caminar hacia su objetivo.

- Lord Surrey, que sorpresa encontrarle aquí – se anuncio Clara al Conde al mismo tiempo que le miraba con total inocencia y una chispa de picardía.

Surrey se volvió hacia la voz que le había hablado pero sin dejar de abrazar a su pareja, sus ojos se abrieron sorprendidos al reconocer quien le hablaba y se levanto de un salto para saludarla, besando la mano que le tendía.

- Lady Blackford – consiguió decir cuando recupero el habla – es una verdadera sorpresa verla.

- Espero que agradable, milord – sonrió con coquetería rescatando su mano del azarado Conde.

- Por supuesto, de lo más agradable – contesto enderezándose y buscando a alguien con la mirada – la escoltare para que pueda saludar a Dorset, seguro que se sorprenderá de verla.

Y sin más la tomo del codo con determinación y cruzo a grandes pasos el salón, Clara tuvo que hacer un esfuerzo para mantenerse a su paso sin dar la impresión de que corría tras él, sonrió para si misma, su plan estaba funcionando, esta vez había conseguido llamar su atención.

Llegaron al otro extremo del salón, junto a una pareja que se estaba besando, demasiado apasionadamente como para estar en publico, Clara se sonrojo pudorosamente ante la escena de lo más indecorosa.

- Dorset creo que deberías ver esto – Surrey intento llamar la atención de su amigo al mismo tiempo que le golpeaba suavemente en el hombro, había intentado mantener a Clara detrás de él para así ocultarle la mayor parte de la escena apasionada, pero sabia que estaba viendo más de lo que debería, incomodo por la situación volvió a golpear a su amigo con más insistencia.

Stevens gruño y aun sin soltar el pecho que acariciaba de su amiga y sin despegarse un milímetro de su cuerpo giro la cabeza enfadado, dispuesto a enfrentarse a su amigo por haberlo interrumpido.

Era la primera vez en tres semanas que se sentía un poco interesado por una mujer, desde su noche en la posada, ninguna mujer había sido capaz de llamar su atención y ese cabeza de chorlito se atrevía a interrumpirle.

- Espero que sea urgente – bramo enfadado.

- Y sorprendente, estoy seguro que te interesara saludar a Lady Blackford – dijo mientras se apartaba hacia un lado, lo suficiente para que Dorset viera a la dama que lo acompañaba.

Dorset soltó una maldición por lo bajo al mismo tiempo que se separaba definitivamente de su conquista.

- ¿Clara? – pregunto dando un paso hacia la muchacha con aire amenazador – ¿Que haces tu aquí? – exigió.

- Hola, Stevens – saludo tranquilamente Clara y se arrimo para depositar un beso en su mejilla al mismo tiempo que le susurraba – lo siento, sigue con lo que estabas haciendo parecías estar disfrutando.

Stevens se ruborizo al escucharla y dio un paso atrás, volviéndose hacia la otra mujer.

- Lo siento, querida, me temo que esta noche tengo que ocuparme de un asunto de familia – se excuso ante su compañera, ella le miro y sonrió picaramente antes de volverse y mezclarse con la multitud, Stevens suspiro al ver como se marchaba sintiendo el deseo crecer dentro de él, al fijarse en el balanceo de sus caderas.

- Urrr – el Conde carraspeo intentando devolver la atención de Dorset al asunto de Lady Blackford, ¿que iban hacer con ella?, se preguntaba desde que la había visto minutos antes.

Clara vio como Stevens se volvía hacia ella enfadado y tomo la palabra antes de que pudiera regañarla.

- Bueno encantada de haberos visto pero he de volver con mi acompañante – dijo soltando su brazo de Surrey y dando un paso al frente dispuesta a marcharse lo más rápidamente posible y así evitar la confrontación que veía en la cara de su primo.

- Así que no has venido sola – la intercepto Stevens colocándose delante de ella e impidiéndola ver otra cosa que no fuera su pecho, ella dio un paso de costado para poder seguir mirando entre la multitud. La observo detenidamente, parecía nerviosa, buscaba a alguien con la mirada y definitivamente tenia prisa por irse.

- No quisiera molestaros – intento de nuevo, Clara – pero de verdad he de retirarme – alego buscando con la mirada a Maggy sin conseguir encontrarla, estaba empezando a ponerse histérica, si algo la ocurría a su prima por su culpa nunca se lo perdonaría, al fin consiguió verla junto a las puertas de la terraza, parecía tener dificultades con el caballero que intentaba llevarla a los jardines a pesar de su evidente reticencia. – Hay dios mió, debo ir a ayudarla. – y sin más se dispuso a cruzar de nuevo el salón.

Stevens y Harry se miraron sorprendidos, intentando buscar el uno en el otro las respuestas a sus preguntas, ambos se volvieron al mismo tiempo siguiendo a Clara con la mirada.

Stevens observo a su prima cruzar el salón a toda velocidad y detenerse junto a una pareja que parecía estar discutiendo, consiguió reconocer a Lord Well y fijo su mirada en la mujer que lo acompañaba, la cual permanecía de espaldas a él, en ese momento se volvió a mirar a Clara y Stevens sintió que la tierra se abría bajo sus pies al reconocerla, antes de que se diera cuenta cruzaba el salón como una flecha dispuesto a llegar junto a las dos mujeres.

 

 

CAPITULO 3

- Lord Well – saludo Dorset al caballero fulminándolo con la mirada dejándole ver su ira.

- Lord Well – Surrey había llegado segundos después que Dorset e intentaba frenar la situación, Dorset parecía querer asesinar a Well en cualquier momento – Allysse preguntaba por usted, al parecer Rubí desea que se lo presenten.

Lord Well aparto la mirada de Dorset para volver su atención hacia el Conde de Surrey y con una inclinación de cabeza se retiro en busca de Allysse.

Maggy se giro para mirar al hombre que se había acercado, por un momento temió que se desmayaría al reconocer al hombre que ahora estaba a su lado, tuvo que agarrarse a Clara para no caerse al suelo y hacer acopio de todo su autocontrol y disciplina para no ponerse a gritar de la impresión.

Dorset se volvió hacia ella y ambos se quedaron mirando el uno al otro, indiferentes a todo lo que les rodeaba, tensos y expectantes esperando a ver cual de los dos daba el primer paso y en que dirección.

Clara y Harry se miraron confundidos por el comportamiento tan extraño que estaban observando, finalmente Clara se decidió a intervenir.

- Maggy, quiero presentarte a Stevens Blade Marques de Dorset y a Harry Miller Conde de Surrey – dijo señalando a los interesados – ella es Maggy Letvis mi prima favorita.

- La prima fantasma – se le escapo a Harry antes de que pudiera contenerse.

Esa afirmación hizo que tres rostros furiosos se volvieran hacia él, sonrió disculpándose con la mirada, al menos había servido para que Stevens y Maggy dejaran de mirarse tan intensamente, como si estuvieran viendo un fantasma.

Maggy se obligo a no volver a mirar esos ojos azules que tanto la habían atormentado en sus sueños durante esas semanas y extendió su mano hacia el Conde, para saludarle como mandaba el protocolo.

Le recorrió de arriba a abajo con la mirada examinándolo minuciosamente, tenia que reconocer que era muy guapo, con su cabello castaño y esos ojos verdes llenos de picardía, parecía un diablillo a punto de hacer una fechoría, pero su cara de no haber roto nunca un plato le daba un aspecto de niño bueno, la mezcla era totalmente encantadora y ahora entendía los sentimientos de Clara hacia él.

Era un hombre peligroso para cualquier mujer, se dio cuenta de que le había mirado demasiado cuando sintió que Clara la pellizcaba disimuladamente en el brazo.

- Espero ser de su aprobación – comento Surrey divertido.

- Totalmente aprobado y con nota – consiguió bromear ante su afirmación y le miro con coquetería para demostrárselo.

Dorset gruño por lo bajo ante el descaro de la joven para con su amigo y la ignorancia hacia su persona, tendría que hablar con Surrey sobre ella. Maggy era suya. Suya. ¿De donde había salido ese pensamiento? se pregunto confundido por el sentimiento de posesividad que le embargaba, lo analizaría más tarde ahora no era el momento.

Clara la miro y disimuladamente le indico al Marques que aun permanecía a su lado.

- Marques – Maggy inclino la cabeza a modo de saludo y volvió a fijar la atención en Clara – ¿Podemos irnos?.

- Por supuesto – exclamo esta extrañada por el comportamiento de su prima – caballeros si nos disculpan nos retiramos.

Y antes de que tuvieran tiempo de reaccionar se encaminaron hacia la salida.

- Una noche interesante – afirmo Surrey pensativamente – definitivamente interesante.

Dorset salio de su abstracción al escuchar a Harry junto a él, sacudió la cabeza y se lanzo en persecución de las dos mujeres, no estaba dispuesto a volver a perderla, otra vez no. No podía permitir que volviera a desaparecer.

Llego justo a las puertas de la mansión, para verlas subir en el carruaje y emprender la marcha calle abajo.

- Al menos sabemos donde viven – comento Surrey al ver la cara de desilusión que se le quedo a su amigo por no a ver podido alcanzarlas – ¿me lo vas a contar?

- No.

Y sin más volvió dentro del vestíbulo para recoger su abrigo y se marcho para su casa.

El Conde le imito pero se marcho a su propia casa preocupado por lo que pudiera estar pasándole a Dorset, estaba claro que estaba muy afectado por esa muchacha, ¿que abría ocurrido entre ellos? se preguntaba.

Clara se mantuvo callada observando a su querida prima sentada enfrente de ella, totalmente trastornada y perdida en su pensamientos, tenia muchas preguntas, pero decidió esperar a que ella se lo contara, nunca habían tenido secretos entre ellas, así que estaba segura de que le diría exactamente que estaba pasando.

Pero no esa noche, reconoció para si misma, esa noche Maggy no la contaría nada porque estaba batallando consigo misma y hasta que no se sintiera totalmente controlada no la hablaría.

 

 

 

 

A primera hora de la mañana, Stevens estaba frente a las puertas de la casa del Conde de Blackfford esperando a que le abrieran.

- Buenos días, Lord Dorset.

- Buenos días, Charles – saludo al mayordomo mientras le daba sus guantes y su abrigo – Quisiera ver al Conde, tengo un asunto que tratar con él de suma urgencia.

- Por supuesto, Milord se encuentra ya en la biblioteca despachando la correspondencia de la mañana, si hace el favor de seguirme le anunciare su presencia.

Stevens camino detrás del fornido mayordomo, pero recorriendo con la vista los alrededores en busca de ella, deseaba verla, aunque fuese de pasada.

- Stevens, que agradable sorpresa – saludo lord Blackford a su visita – tu tía se va a desilusionar mucho cuando sepa que has estado aquí y no ha podido verte.

- Lord Blackfor – tomo la mano que le tendía a modo de saludo – espero que me perdone, volveré a saludarla más tarde.

- Claro, claro, esa es una buena idea – dijo mientras volvía al otro lado del escritorio y le señalaba una silla enfrente de él para que la ocupara – Bueno, y a que debo tu visita.

Stevens se aclaro la garganta antes de hablar.

- Me temo que voy a disgustarlo, pero me veo en la obligación de informarle donde estuvieron ayer su hija y su sobrina, la señorita Letvis – y acto seguido paso a detallarle su visita a la fiesta de las cortesanas celebrada en casa de Lord Redffor.

- Ya veo – comento distraído Robert mientras se acariciaba la perilla, tratando de mostrarse sorprendido y preocupado por sus palabras – gracias por informarme de lo poco afortunado de sus comportamientos, hablare con ellas esta misma mañana.

Observo como Stevens parecía más relajado cuando le informo de su intención de hablarlas y sin más se despidieron.

Según Stevens abandono la habitación, Robert dejo escapar la risa que había estado conteniendo a duras penas delante de él.

Así que esas diablesas habían encontrado un método para acercarse al trío de libertinos, interesante, estaba deseando poder escuchar cuales serian sus planes a partir de ahora.

Stevens abandono la casa satisfecho de haber informado al Conde de las actividades de esas jovencitas y convencido de que no volverían a repetir su aventura.

Así mismo se prometió volver a la hora del te, para saludar a su tía.

 

 

CAPITULO 4

 

Maggy fue la ultima en bajar a la mañana siguiente, no había dormido mucho la noche anterior, unos ojos azules como el mar la habían perseguido en sus sueños.

Cuando llego al salón del desayuno ya estaban allí todos los demás, tomo un plato y se sirvió un poco de huevos revueltos del buffet y cafe, no tenia mucha hambre y dudaba sinceramente que pudiera tomar bocado, ocupo su lugar en la mesa junto a Clara que parecía haber terminado ya de desayunar.

- Esta mañana he tenido una visita muy interesante – comento el Conde apartando el periódico y dejándolo a un lado en la mesa – Dorset.

Maggy se atraganto visiblemente con el cafe y dejo la taza temblorosa sobre el plato al mismo tiempo que intentaba mantener la compostura.

- Supongo que a informarte de nuestras actividades de anoche – afirmo Clara sin inmutarse lo más mínimo y fijando la mirada en su padre.

- ¿Que actividades? – pregunto la tía Donna, alarmada.

- Al parecer estas jovencitas, acabaron la noche en la fiesta de Lord Redffor – la informo Robert, al tiempo que se volvía para mirarlas, quería ver su reacción – una fiesta de cortesanas.

- Dios mió ………….. – Donna soltó un grito ahogado y se llevo la mano a la garganta teatralmente como si se asfixiara – mi dios … debe de ser un error. – miro de cerca a sus sobrinas y pudo ver que no era así, Clara parecía totalmente feliz mientras que Maggy se había ruborizado suavemente debido a la vergüenza.

- Si – afirmo categóricamente Clara sin pizca de remordimiento – y volveremos a otra de esas fiestas esta misma noche.

- ¿Que? – chillaron a la vez la tía Donna y Maggy, escandalizadas.

Robert tomo el control de la situación y las mando callar con un movimiento de la mano, para volverse de nuevo hacia su hija.

- Supongo que no hay nada que te haga cambiar de opinión ¿no? – vio como negaba con la cabeza – así que este es el nuevo plan para llamar la atención del Conde – no fue una pregunta sino una afirmación.

- Si el quiere una cortesana, pues yo seré su cortesana – afirmo categóricamente Clara con una sonrisa maliciosa en su rostro – solo que en esta ocasión se casara con su cortesana.

Maggy escondió la cabeza entre las manos al oír a su prima, acababa de convertirse en cortesana, nada podía ser peor …. o más divertido según se mirara, en el fondo le resultaba muy atrayente la aventura de ser una cortesana, pero no sabían nada de como ser una cortesana, ¿Como iban hacerlo?, en medio de su dilema oyó la voz de su tío.

- Bien, no es que apruebe este comportamiento, pero reconozco que es mejor que tu idea anterior – dijo mirando fijamente a Clara – y puede que funcione. – vio por el rabillo del ojo que tanto Donna como Maggy le miraban con los ojos abiertos como platos sorprendidas – os ayudare con una condición.

Ahora las tres mujeres de la mesa se miraban entre ellas estupefactas, intentando comprender que estaba ocurriendo en realidad, Robert casi podía ver los engranajes de sus cerebros intentando asimilar las palabras que acababa de pronunciar, decidió darlas un momento para que se recuperaran antes de continuar.

- Os voy a presentar a Allysson Perkins, todas sabéis que mantengo relación con ella desde hace unos años – vio como asentían con la cabeza aun mirándolo perplejas – ella os enseñara todo lo que tengáis que saber sobre los caballeros y os cuidara en las fiestas a las que queráis asistir, aconsejándoos y ayudándoos a mantener apartados a ciertos caballeros.

- ¿Y la condición? – Maggy fue la primera en poder articular palabra después de las ultimas palabras del conde.

- Me mantendréis informado en todo momento de cuales son vuestros planes para la noche y a que fiesta asistiréis. – vio como las dos asentían con la cabeza al unísono – Dos hombres de mi elección acudirán a cada una de esas fiestas, como escoltas de seguridad, – vio que iban a protestar y continuo para acallarlas – no sabréis ni quienes son ni notareis su presencia, solo tendréis que hacer una seña si deseáis que intervengan o bien intervendrán solo en caso de extrema necesidad.

Ambas primas se miraron sopesando el hecho de estar siendo observadas constantemente por dos desconocidos, no era algo que las gustase, las gustaba ser libres de hacer lo que quisieran y más en ese tipo de fiestas, donde se podían dar ciertas situaciones del todo indecorosas, de las cuales el Conde seria debidamente informado, pero al final no les quedo más remedio que transigir ante la firmeza del Conde en este punto.

Una vez que terminaron de ultimar sus planes para los próximos días, asistirían a una reunión de la alta sociedad y se retirarían temprano con cualquier pretexto y desde hay irían a las fiestas de las cortesanas, el Conde les facilitarías las invitaciones que necesitaban para entrar.

Al fin quedaron en reunirse de nuevo a las dos para ir a conocer a Allysson Perkins.

La tía Donna se quedaría en casa por si el Marques de Dorset mantenía su palabra de ir a visitarla.

 

Allysson Perkins era la protegida del Conde de Blackford desde hacia casi tres años, en todo ese tiempo ella se había mantenido fiel al Conde, pero seguía asistiendo a las fiestas de cortesanas para mantener sus contactos, algo esencial en su profesión y al mismo tiempo dar apoyo y ayuda a sus protegidas, otras cortesanas.

A pesar de sus cuarenta y dos años, recién cumplidos se mantenía esbelta y conservaba una gran belleza, de carácter dulce no tuvo ningún inconveniente en ayudarlas una vez el Conde le explico lo que pretendían y cuales eran sus planes.

Lo primero que hicieron, una vez el Conde las dejo solas, fue ir a la modista, Madame Julliet, famosa entre las cortesanas por sus vestidos escandalosos y atrevidos, de alli salieron con todo lo que necesitarían para esa noche y encargaron un vestuario completo que irían recibiendo en los próximos días.

Después regresaron al palacete de la Señorita Perkins, donde empezó su educación de como seducir a un hombre y al mismo tiempo de como disuadirlo sino era deseada su atención.

Su primera lección fue simple “Una cortesana es quien elige al caballero a quien entrega sus favores, no es el hombre quien la elige a ella”.

Tanto Clara como Maggy, volvieron a casa con el tiempo justo para arreglarse y salir para la cena en casa de los Duques de Brigton, excitadas y avergonzadas de lo que la Señorita Perkins las había enseñado, volverían a verla esa noche en la fiesta de Lord Whellintong.

 

 

A las cinco en punto el Marques de Dorset se encontraba de nuevo ante las puertas de Blackford House, pidiendo ser recibido por su tía Donna, Charles le condujo directamente al salón azul donde su tía estaba recibiendo las visitas del día, pudo observar que algunas de las amigas de su tía se encontraban alli con sus hijas más jóvenes, al igual que algunos caballeros que supuso eran los pretendientes de las señoritas que habitaban la casa, pero tanto Maggy como Clara no estaban en el salón, media hora después se despedía de su tía y abandonaba la casa con paso triste al no haber encontrado a Maggy en ella, cabizbajo se subió de nuevo en su carruaje y fue hacia su club a pasar la tarde.

Su tía le había informado que ese día las muchachas tenian una cita con la modista y por eso su ausencia, Stevens tenia la sensación de que no era verdad, pero no tenia motivos para dudar de su tía.

 

 

CAPITULO 5

A las doce y media en punto de la noche, Maggy y Clara cruzaban el umbral de la casa de Lord Whellintong en Mayfair, tal y como habían acordado Allysson las esperaba en el vestíbulo para conducirlas al salón principal.

- ¿Listas? – las pregunto mientras se colocaba en el centro y las tomaba por el brazo para guiarlas.

Maggy no podía disimular la alegría expectante que sentía ante la aventura que iban a comenzar, ni las mariposas en el estomago al saber que el Marques estaría presente, tenia los nervios a flor de piel, respiro profundamente intentando calmarse antes de entrar en el salón abarrotado de gente.

- Vuestros caballeros se encuentran al final del salón, en el lado izquierdo, tomando champán con sus cortesanas favoritas, Rubí y Lys, junto con otros amigos que se han unido a ellos en el pequeño apartado – les informo Allysson mientras las guiaba en sentido opuesto por el salón.

Habían conseguido avanzar unos cuantos metros, cuando dos caballeros las interceptaron con la excusa de saludar a Allysson y solicitando ser presentados a las damas que la acompañaban, poco a poco otros caballeros se aproximaron con el mismo fin y las fue imposible seguir avanzando, viéndose atrapadas en un lateral del salón y rodeadas de admiradores dispuestos a competir por sus atenciones.

- Buenas noches, Lady Blackford. – saludo Durham haciendo una reverencia ante ella.

Clara saludo mecánicamente al caballero que la había requerido hasta que lo reconoció como el Vizconde Durham, compañero inseparable de Dorset y Surrey.

- Lord Durham – saludo con más entusiasmo – me permite que le presente a la Señorita Letvis.

- Por supuesto – contesto soltándola la mano que acababa de besar e incorporándose.

- Maggy, quiero que conozcas de Holl Velling vizconde de Durham – señalo y le hizo un guiño casi imperceptible – Maggy Letvis mi prima.

- Encantada – Maggy le lanzo una coqueta mirada al vizconde, había reconocido al hombre como el tercer libertino que buscaban.

- El placer es todo mió, señorita – le contesto Durham mientras besaba la mano que le tendía y echaba una mirada de reojo al generoso escote del vestido de la dama – seria para mi un placer si me concediera el siguiente baile.

Maggy tardo una décima de segundo en decidirse, el discreto empujón de Allysson y las primeras notas del vals la impulsaron a aceptar, tomo el brazo de Lord Durham y dejo que la condujera a la pista de baile, mientras bailaba vio de refilón al Marques, como la noche anterior se encontraba muy entretenido apasionadamente con su compañera de turno.

Sospecho que la rubia voluptuosa que tenia entre sus brazos seria Rubí, una de las más reclamadas cortesanas de Londres esa temporada.

Sintió como una ira la dominaba, al ver como el Marques apreciaba sus encantos.

Maggy se dio cuenta cuando acabo el baile que el Vizconde, muy hábilmente, la había llevado directamente en la dirección donde se encontraban sus amigos, supuso que para alardear ante ellos de su nueva conquista, ella, sonrió maliciosamente para si misma, mientras ponía en practica uno de los trucos que Allysson las había enseñado en la mañana.

Parpadeo coquetamente al mismo tiempo que se colgaba de su brazo y dejaba que sus senos se frotaran suavemente contra él, al compás de sus pasos, sintió como el Vizconde se ponía tenso y miraba con lujuria donde sus cuerpos se rozaban.

- Maldición – Surrey acababa de divisar a su amigo que se dirigía hacia ellos, reconociendo al instante a la dama que le acompañaba – Dorset!! – le llamo con una mezcla de pánico y urgencia en su tono, fue todo lo que pudo decir para avisarle de su presencia, antes de que la pareja les alcanzara.

- ¿Que? – Dorset reconoció la premura en el tono de Surrey y abandono inmediatamente a la joven que tenia entre sus brazos para volverse hacia él.

De todas maneras daba igual, llevaba más de media hora practicando todo tipo de juegos preliminares con Rubí y aun su deseo por ella era solo superficial, algo le decía que esa noche no podía concentrase en la hermosa mujer que lo acompañaba.

Sabia perfectamente a quien deseaba exactamente esa noche entre sus brazos, a Maggy, esa morena de ojos azules le estaba volviendo loco, como si la hubiera conjurado la vio aparecer del brazo de Durham al otro lado del apartado.

Necesito de todo su dominio y autocontrol para no lanzarse sobre ellos y arrancar el brazo a su amigo para después matarlo solo por tocarla, aun no entendía el sentido de posesividad que había desarrollado con Maggy, ni esos deseos de asesinar a cualquier hombre que la mirara tan lujuriosamente como lo hacia Durham en ese momento.

Reuniendo toda la calma que pudo, se puso en pie y en dos zancadas llego al lado de la pareja.

- Maggy, – saludo con una inclinación cabeza, mientras le lanzaba a su amigo una mirada asesina, dejándole bien claro sus intenciones.

- Dorset – Maggy oculto lo mejor que pudo el efecto que su voz la producía, le temblaban las rodillas y tenia que concentrarse en mantenerse erguida frente a él.

Durham vio la mirada de Dorset y soltó bruscamente a la joven, mirándolos indistintamente tratando de adivinar que pasaba entre ellos.

- Lord Surrey – Maggy se volvió hacia el Conde, intentando evitar la mirada airada del Marques en ella, estaba claro que estaba furioso, se felicito a si misma por haber conseguido despertar su ira con solo ir acompañada del brazo de otro hombre.

- Señorita Letvis – saludo el aludido mientras tomaba la mano que la dama le tendía para besarla. – Supongo que Lady Blackford también se encuentra por aquí – afirmo mientras recorría con la vista el salón, intentando ubicarla.

- Por supuesto – sonrió Maggy en él – aunque puede que halla salido a los jardines con Lord Redffor – confió inocentemente a su interlocutor, vio como este se ponía rígido y dirigía su mirada a las puertas abiertas que daban a las terrazas – la verdad es que hace mucho calor aquí ¿no creen? – pregunto al mismo tiempo que abría el abanico para darse aire, utilizando otro de sus nuevos trucos, dirigiendo las miradas masculinas hacia su escote, la verdad es que estaba disfrutando de lo lindo con esos inocentes trucos. – Lord Durham seria tan amable de acompañarme a tomar un poco el aire – hizo un movimiento para tomar su brazo.

Stevens empujo suavemente a Durham al tiempo que le advertía con la mirada y coloco la mano de Maggy sobre su propio brazo.

- Yo la acompañare – declaro al mismo tiempo que la agarraba firmemente para que no pudiera escapar – tengo que buscar a mi prima de igual manera para saludarla – dijo a modo de aclaración ante su conducta y sin más empezó a caminar hacia las puertas abiertas de la terraza, arrastrando con él a Maggy.

Lord Durham se volvió hacia Surrey con una pregunta.

- ¿Que le pasa a Dorset? – estaba perplejo por el comportamiento del Marques, siempre habían compartido a sus amantes y nunca había dado muestras de ser un hombre celoso, en cambio según su opinión, Dorset no solo estaba celoso de las atenciones que había brindado a la señorita Letvis, sino que además estaba furioso con él.

Surrey se encogió de hombros y volvió a sentarse con la mirada fija en las puertas de los jardines esperando el regreso de Lady Blackford, se obligo a si mismo a permanecer sentado en lugar de ir el mismo a buscarla y arrancarla de los brazos de Lord Redffor, él tampoco entendía muy bien que le estaba pasando y porque sentía la sangre hervir dentro de sus venas solo de pensar que estaban en el jardín.

Stevens guió a Maggy a través del salón en silencio, no se atrevía a mirarla hasta que estuvieran lejos de las miradas indiscretas de los asistentes a la fiesta, cuando alcanzaron la terraza la guió hacia los jardines, pudo notar su reticencia al comprobar sus intenciones pero no dijo nada y le siguió en silencio.

Una vez que considero que se habían internado lo suficiente en los jardines como para estar ocultos a cualquiera de los invitados a la fiesta, se volvió hacia ella con la intención de reprenderla severamente por estar en esa fiesta, pero cuando la miro a los ojos un deseo intenso lo sacudió hasta las entrañas dejándolo indefenso y lo único que pudo hacer es apresarla entre sus brazos y besarla desesperadamente.

Maggy vio como sus ojos se oscurecían por el deseo y sintió como ella misma respiraba entre jadeos y un calor que amenazaba con derretirla se alojaba entre sus piernas.

Como en un sueño sintió que la atraía hacia él bruscamente y sus labios la tomaban apasionadamente, exigiendo una respuesta, su lengua inspeccionaba sedienta su boca y ella bailaba a su compás con la misma sed.

Stevens la atrajo aun más hacia su cuerpo, necesitaba sentirla, estaba duro y excitado hasta tal punto que resultaba doloroso físicamente, sin abandonar ni un segundo su boca, que tan hábilmente le daba de beber, la apoyo contra el roble que tenia a su espalda y la atrapo contra su cuerpo.

Con una mano le abrió el vestido por delante dejando sus pechos al aire, sintió como gimió dentro de su boca, cuando su mano atrapo el hiniesto pezón para atormentarla, pellizcándolo suavemente presa de la pasión.

Maggy estaba en el cielo, su cabeza daba vueltas por el placer que estaba experimentando entre sus brazos, una vocecilla la dijo que debía detenerle, que una verdadera dama no debía experimentar este éxtasis de placer, pero la vocecilla se callo al sentir como sus dedos habían encontrado el centro de su feminidad y la urgía a sentir mucho más, elevándola aun más alto.

Stevens estaba enloquecido, tenia que hacerla suya o moriría de deseo, sus manos abandonaron por un momento su cuerpo y se obligo a dar un paso atrás para mirarla, mientras se desabrochaba el pantalón, dejando libre a su excitado miembro, totalmente erecto y dispuesto a adentrarse en sus profundidades.

- Detenme – la ordeno suplicante con una voz tan ronca que apenas reconoció como suya.

Maggy le miro confundida durante un segundo, mientras se daba cuenta de lo que la pedía que hiciera, sintió como su corazón dejaba de latir por un segundo, bajo la vista por su cuerpo antes de volver a mirarle a los ojos, donde vio reflejado su propio deseo y desesperación, ese hombre era increíble aun en ese momento y en su estado, la estaba dando la oportunidad de retirarse sin que nada más sucediera.

- No, ven a mi – susurro al tiempo que le tomaba de las solapas de la chaqueta y le atraía hacia ella.

Stevens no se resistió a su invitación y con un hábil movimiento la subió el vestido hasta la cintura y la penetro profundamente, consiguiendo atrapar su grito de placer con su boca al sentirlo dentro de ella.

Poco a poco alcanzaron un ritmo salvaje que los llevo a la locura, alcanzando el clímax al unísono, dejándolos sudorosos y saciados.

Stevens tardo casi un minuto en reunir las fuerzas necesarias para salir de ella y apartarse para dejarla respirar. Se la veía tan alterada como a él e igual de satisfecha.

- Mañana iré a ver a Lord Blackford y acordaremos los términos del contrato de matrimonio – comento mientras se acomodaba la ropa.

- Nooooo – Maggy salio de la nube de satisfacción que la envolvía y volvió a la realidad al oír sus palabras – no voy a casarme contigo.

Stevens paro en seco lo que estaba haciendo y levanto la cabeza para mirarla.

- ¿Y se puede saber porque no? – le pregunto lleno de confusión e irritado con la muchacha.

- No puedes hacerme eso – intento explicarse, mientras con manos temblorosas trataba de recomponer su corpiño – ¿Por que quieres casarte conmigo?.

Stevens la miro y dando un paso al frente la aparto las manos mientras que hábilmente volvía a colocar el vestido en su sitio.

- Mi honor de caballero me exige que restaure tu honra y la única manera de hacerlo es convirtiéndote en mi esposa – afirmo categóricamente.

- ¿Tu honor? – pregunto irónica – tu no tienes honor. – le acuso furiosa.

- Maggy ……… – la advirtió entre dientes sintiendo una furia inmensa al ver su negativa.

En su mirada pudo ver el desafió y también el miedo que la producía ser su esposa.

- No tenemos alternativa – intento explicárselo para ver si la calmaba – yo te desflore y después de esta noche podrías haberte quedado embarazada – pauso para darla tiempo a asimilar sus palabras – lo cual nos obliga a casarnos sin remedio.

Maggy permaneció quieta mirándolo en silencio, el tenia razón, era lo correcto, pero entonces que ocurriría con ella.

Con la vida que había planeado tan detenidamente y en la que no tenia cabida ningún marido.

Un marido solo era un inconveniente para sus planes, si se casaba tendría que renunciar a todo por lo que había luchado todos esos años.

Sintió como las lagrimas resbalaban por sus mejillas, ante el sentimiento de desolación e impotencia que la embargaba.

- No, no, no – se paso la mano por la cara intentando calmarse – no me puedes quitar también esto, no puedes – le grito histérica presa del pánico que sentía – no puedes quitarme mis sueños. – vio que daba un paso hacia ella y la abrazo tratando de consolarla.

Maggy se separo bruscamente de sus brazos y puso distancia entre ellos presa del pánico que la atenazaba.

- Si estoy embarazada volveremos hablar sobre el tema – pauso un segundo mientras caminaba hacia atrás tratando de alejarse – si mañana vas a ver a mi tío, que sepas que me negare en rotundo, ni él ni tu, podéis obligarme a tomar esposo – y dicho esto se giro y corrió por el jardín hacia el salón.

Tenia que alejarse de él, no podía dejar que la convenciera, ella tenia otras metas en la vida aparte de formar una familia.

Stevens vio como se alejaba, sin entender exactamente que había ocurrido, porque había reaccionado así, muchas preguntas se amontonaban en su cabeza, pero lo que más le dolía era su rechazo a ser su esposa, ¿por que?, no era indiferente a sus caricias y aunque no estaban enamorados tenian una pasión que rallaba con la locura y se satisfacían mutuamente, solo con eso tenian más que muchos de los matrimonios que el conocía.

¿Sueños?, ella había hablado de sueños. Para una mujer su sueño era hacer un buen matrimonio con alguien rico y de la nobleza.

El reunía esos requisitos con creces, era rico a nivel personal, Marques y heredero del Duque de Ambey, además era guapo y saludable, estaba considerado como uno de los solteros más cotizados por las matronas de Londres, ¿que más podía desear una mujer de él?.

Aun confuso se dirigió hacia el salón de baile, le habían rechazado, no podía creerlo, pero aunque Maggy había dicho que no, no pensaba darse por vencido tan fácilmente.

- Señorita Maggy Letvis, vos seréis mi marquesa – sentencio entre dientes, mientras cruzaba las puertas que daban al gran salón, recorrió con la mirada a los asistentes pero ella no estaba.

Maggy recobro la cordura justo cuando subía el primer escalón de la terraza y girando sobre sus talones se dirigió donde estaban los carruajes.

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO 6

 

Dorset y Surrey se encontraban a la derecha de la entrada al salón, pero lo suficientemente cerca como para oír las conversaciones de los recién llegados.

Aunque aparentemente conversaban con Lady Shelman y Lady Kinstong estaban pendientes de la llegada de los Blackford al baile.

Maggy había rechazado todas las invitaciones sociales después de su conversación con Stevens, temía volver a verlo y no poder rechazarlo de nuevo. Así que se había recluido en su casa durante todo la semana, manteniéndose alejada a la hora de las visitas.

Pero esta noche no había podido eludir su compromiso con la condesa de Somerset, una amiga muy querida de la familia.

Los condes tenian una propiedad cercana a Holwell y siempre habían estado muy unidas las dos familias.

- Querida Donna – Lady Somerset se adelanto a besar a su vieja amiga con cariño – que alegría que hayáis venido todos – lanzo una mirada a las jóvenes que estaban detrás de ellas y a Lord Blackford – tenia entendido que no atendías invitaciones – afirmo mientras clavaba su mirada en Maggy.

- No he podido resistirme – la confeso Maggy mientras se acercaba a besarla cariñosamente en la mejilla.

- Espero que yo halla tenido algo que ver en lo irresistible de la invitación – dijo acercándose en ese momento Lord Kent hijo de los anfitriones.

- Justin …. – Maggy se volvió feliz al ver a su amigo – ni si quiera sabia que estabas en Londres – hizo un mohín de falso enfado.

- Llegue ayer – corrigió Justin, abrazándola a su vez – apenas he tenido tiempo de nada y tenia la esperanza de que abandonaras tu encierro para venir esta noche – le dio un guiño de complicidad y la soltó para saludar al resto de la familia.

Stevens había estado pendiente de toda la conversación y miraba con cara de pocos amigos en dirección hacia la entrada del salón, Maggy se había lanzado literalmente a los brazos de ese hombre con total naturalidad, sentía como la sangre hervía en sus interior, Surrey le golpeo disimuladamente en el brazo llamando su atención.

Por el rabillo del ojo vio como Lord Kent hacia un aparte con Maggy, trayéndola más cerca del grupo donde el estaba, al tiempo que se inclinaba para hablarla.

- Estoy seguro que puedo satisfacerte plenamente en mis aposentos – susurro misteriosamente a Maggy junto a su oído.

- Justin ….. – le amonesto su madre antes de que Maggy pudiera expresar su opinión al respecto – esto es una fiesta y tu deber como anfitrión no es que te pierdas por ahí con Maggy – miro a esta con una disculpa en su mirada – ya se que queréis estar solos pero ….. – los miro a los dos que la miraban entristecidos y se rindo ante lo inevitable – esta bien, dos horas – proclamo la anfitriona – sino volvéis en dos horas mandare a alguien a buscaros.

Maggy busco con la mirada a Donna y Lord Blackford, pidiéndoles en silencio su permiso, ambos asintieron con la cabeza.

- Dos horas, lo prometo – estalló Maggy feliz por aquel desenlace tan prometedor de la noche y tomando a Justin de la mano lo arrastro fuera del salón, de nuevo hacia el vestíbulo.

Donna miro por encima del hombro de Isabel a Stevens que miraba furioso hacia la puerta por la que habían desaparecido segundos antes, Maggy y Justin.

Acababa de resolver el enigma sobre la conducta de su sobrino en la ultima semana, tanto ir a visitarla no era normal, lo mismo que asistiera a tantas fiestas de matronas durante la temporada, sabia que algo estaba pasando con el, y ahora lo veía claro.

Su sobrino estaba desarrollando sentimientos hacia Maggy, de ahí su cambio, sonrió para sus adentros alegrándose y deseándoles lo mejor para la pareja, seria muy bueno para ambos si llegaban a casarse.

Tendría que investigar un poco para saber como estaban las cosas en realidad entre ellos y hacer de casamentera con esos dos testarudos, sonrió aun más, la fiesta de los condes de Somerset acababa de adquirir un nuevo aliciente, incluso la temporada se presentaba mucho más atractiva a sus ojos.

Del brazo de Lord Blackford se alejo hacia la zona de descanso de las damas, donde la esperaban otras amistades, aunque con el rabillo del ojo no perdía de vista a su sobrino.

- Interesante ….. – pensó para sus adentros, mientras se acomodaba en una silla entre las matronas asistentes esa noche.

Surrey apenas tuvo tiempo de agarrar los faldones de la chaqueta de Stevens cuando este hecho a andar tras ellos.

Stevens se había mantenido atento a toda la conversación entre Maggy y Justin, su furia amenazo con desbocarse al invitarla a sus aposentos, ¿como se atrevía?, Maggy era toda una dama, pero su asombro fue aun mayor cuando las familias dieron su consentimiento para que se marcharan durante dos horas, Dos Horas!!!, dios mío … , la de cosas que se pueden hacer en los aposentos de un hombre durante dos horas, sintió la furia renacer de nuevo en su interior, ¿es que se habían vuelto todos locos?, para su estupor vio como Maggy le toma de la mano y lo arrastraba fuera del salón, sintió como todo su autocontrol se desvanecía y se lanzo tras ellos, Surrey impidió que hiciera aun más el ridículo deteniéndole disimuladamente.

Stevens se volvió fulminándolo con la mirada por frenarle, pero un resto de cordura cruzo su mente en esos momentos, atravesó el salón y salio a los jardines, donde podría dar rienda suelta a su enojo en privado.

Miles de preguntas se agolpaban en su cabeza, intento despejarse para analizar la situación fríamente con la esperanza de comprender que había ocurrido segundos antes entre Maggy y Justin.

Evidentemente esos dos se conocían y por el efusivo entusiasmo con que se saludaron era más que evidente el vinculo cariñoso entre ellos.

Eso estaba claro, pero eso no explicaba ni justificaba que tuvieran que ausentarse durante tanto tiempo para estar solos, maldijo por lo bajo ante las ganas incontrolables que tenia de golpear algo para descargar así su rabia.

Respiro profundamente y hecho mano de todo su autocontrol, mientras que seguía caminando por los jardines con un rumbo incierto, tenia que tranquilizarse para poder volver al interior del salón sin dejar ver sus sentimientos y malestar.

volvió a respirar pesadamente, y se obligo a si mismo a confiar en Maggy, ella era virgen cuando se conocieron e inocente, por lo tanto no debía de albergar sentimientos románticos hacia Kent puesto que debían de conocerse desde hacia bastante tiempo.

Estos pensamientos consiguieron reconfortarlo un poco, miro su reloj de bolsillo, apenas había transcurrido una hora, soltó una maldición antes de volverse hacia el salón a esperarlos.

Hablaría con Maggy sobre el tema en cuanto volviera, era lo mejor que podía hacer y hasta entonces no le quedaba otra opción que armarse de paciencia para la larga espera que tenia por delante.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO 7

Unos minutos antes de que se cumpliera el plazo, Maggy y Justin entraron en el salón enzarzados en una animada conversación, ambos se dirigieron hacia donde estaban sentadas las matronas de la noche.

- Lady Sirvelstong – saludo Kent con una reverencia, antes de volverse hacia Maggy – te veré durante la cena – dijo mientras besaba su mano y acto seguido abandono a las damas mientras se perdía entre los invitados dispuesto a ejercer sus deberes como anfitrión.

Maggy le siguió con la mirada antes de volverse hacia su tía Donna, aunque no eran parientes de sangre siempre la había considerado como su tía, esta la hizo un gesto para que se sentara a su lado en el diván que ocupaba.

Maggy obedeció ante la orden táctica de su tía y se preparo para el alubión de preguntas que se le avecinaban, para su sorpresa Donna se mantuvo en silencio mientras seguía su conversación con Lady Shelman sentada a su derecha, al poco rato Clara se unió a ellas.

A poca distancia se encontraban los tres libertinos de Londres conversando entre ellos, tratando de esquivar a las matronas que intentaban llamar su atención sobre sus hijas casaderas.

Dorset mantenía la mirada fija sobre Maggy. Ahora que había vuelto, se sentía algo más tranquilo pero la sensación de sentirse traicionado con Lord Kent no lo abandonaba del todo.

Justo en ese momento anunciaron la cena, pero antes de que tuviera tiempo de reaccionar, Lord Kent apareció ante las damas y acompaño a Clara y Maggy fuera del salón, con un resoplido de mal humor acompaño a sus amigos al comedor.

Dorset observo que Surrey tampoco parecía estar muy contento con la situación, sintió una puntada de alegría al ver a su amigo en el mismo estado que él mismo en esos momentos, ambos habían planeado cenar con sus damas y otro se les había adelantado.

Justin las guió a lo largo del comedor hasta la parte más alejada, donde se habían dispuesto mesas pequeñas para que las parejas tuvieran un poco de intimidad, eligió una de la esquina, preparada para cuatro comensales, satisfecho miro a su alrededor, si hay podrían disfrutar de un poco de privacidad.

Durante la cena no dejaron de bromear entre ellos, la verdad es que se encontraban bien juntos, eran amigos desde niños y esa camadería y confianza no paso desapercibida para el resto de los comensales que llenaban el comedor en esos momentos.

- Tengo entendido que este año, tus padres se han propuesto que encuentres novia – afirmo Clara en un momento de seriedad.

- Eso me temo – confirmo Justin un poco abatido, ante este pensamiento – me han dado un ultimátum o siento la cabeza y tomo esposa antes de que acabe la temporada o me desheredan.

Maggy domino a duras penas la sonrisa que amenazaba con adornar su cara al escucharlo, le miro directamente a los ojos y vio el malestar que le embargaba.

- ¿Y porque no te has negado? – le pregunto preocupada por los sentimientos de su amigo.

- ¿Y de que serviría? – dijo encogiéndose de hombros en actitud de derrota – tarde o temprano tendría que elegir una y tener un heredero ¿no?.

Un silencio aplastante se instalo sobre la mesa mientras pensaban en lo que Justin acababa de afirmar.

-¿Habéis visto que sombrero más ridículo lleva Lady Silverstong? – pregunto Clara, cambiando hábilmente de tema y devolviéndolos a su estado normal de despreocupación.

El resto de la cena paso sin incidentes entre bromas y alegría, cuando acabaron de cenar, Lord Kent volvió a acompañarlas para que se reunieran con Donna en el mismo diván que ocupaban antes de salir para el comedor.

- ¿Y porque no te casas con Maggy? – Clara hizo la pregunta inocentemente.

Justin y Maggy se detuvieron en medio del salón, totalmente sorprendidos y estupefactos por lo que Clara acababa de insinuar, ambos se miraron a los ojos durante unos segundos ajenos a todo lo que ocurría a su alrededor.

- No seria mala idea – la voz de Donna fue penetrando en sus cerebros sacándolos del estupor en el que se encontraban y poco a poco fueron recobrando la compostura.

Sin decir absolutamente nada, Lord Kent hizo una reverencia de despedida hacia las damas, marchándose apresurado hacia otra zona del gran salón de baile.

Maggy se mantuvo en su lugar mirándolo con la boca abierta mientras se marchaba, estaba anonadada, CASARSE CON JUSTIN !!!, Clara la dio un sutil empujón sacándola bruscamente de sus pensamientos y devolviéndola a la realidad, ambas se sentaron en el diván junto a Donna, mientras se ponían al día de los chismorreos más recientes que circulaban por Londres.

Pronto Lord Surrey se acerco para llevarse a Clara a bailar.

Diversos caballeros se interesaron en bailar con Maggy, pero esta declino todas la peticiones que le hacían, alegando un ligero dolor de cabeza, permaneciendo sentada en compañía de Donna el resto de la velada.

Dorset observaba desde su posición como uno a uno todos los caballeros fueron rechazados por la dama y desistió de acercarse a pedirla un baile por miedo a correr la misma suerte que los otros, pero el tampoco bailo con ninguna de las damas que se acercaban insinuantes.

Cerca de las tres de la mañana abandono la fiesta, poco después de que los Blackford se marcharan, junto con Lord Surrey y Lord Dhurman, levantando el comentario de una posible búsqueda de diversión en otra parte.

===============================

- Buenos días – saludo Maggy a Lord Kent a la entrada de Hyrd Park.

Eran sobre las siete de la mañana y habían quedado la noche anterior para cabalgar, Justin la iba a enseñar un sitio donde poder galopar a sus anchas en pleno centro de Londres, Maggy estaba muy excitada ante la idea de poder practicar uno de sus deportes favoritos y que más echaba de menos desde que estaba en la ciudad.

- Buenos días – saludo Lord Kent con un movimiento de cabeza – ¿Lista? – vio como asentía con la cabeza y giro su caballo poniéndose en marcha.

Cabalgaron a la par dirección norte algo más de media hora, hasta topar con una valla que delimitaba el parque, Justin hizo girar su caballo hacia la izquierda adentrándose en los árboles por un pequeño sendero, Maggy le seguía de cerca.

Unos minutos después ambos se detuvieron para admirar la amplia explanada que se abría bajo sus pies y que terminaba a las orillas del río.

- Es magnifico – exclamo entusiasmada Maggy a su lado.

Justin la miro con una sonrisa picara en la boca mientras se lanzaba al galope hacia la orilla desafiándola tácitamente, Maggy no se hizo de rogar y espoleo su caballo tras él.

Juntos llegaron bajo los árboles llorones que se agolpaban en un lateral de la explanada al pie del río, alegres y jadeantes por el esfuerzo desmontaron de sus monturas y caminaron hacia la sombra, donde se sentaron sobre la húmeda hierba tratando de recuperar la respiración.

- Ha sido maravilloso – consiguió decir Maggy mientras trataba de recuperar el habla – nunca imagine que el parque podría ocultar un sitio así.

- Me alegro de que te guste – Justin se volvió feliz hacia su amiga.

Ambos se recostaron hacia atrás, observando las nubes entre las ramas de los árboles que los ocultaban.

- Maggy – Justin se había puesto serio de repente, aunque no aparto su mirada del cielo – he estado pensando en lo que dijeron tu tía y tu prima anoche – carraspeo para aclararse la garganta que de repente se le había quedado seca, estaba nervioso por lo que podría ocurrir a partir de ahora en su relación con Maggy – lo de casarnos.

Maggy cerro los ojos durante un momento al escucharlo, cierto nerviosismo se había adueñado de su estomago desde la noche anterior, cuando ambas mencionaron esa posibilidad, entre Justin y ella, lentamente volvió a abrir los ojos y se volvió hacia Justin para mirarlo a la cara.

- Yo también le he estado dando vueltas – afirmo Maggy un tanto avergonzada por confesarle sus pensamientos, algo que nunca le había ocurrido con Justin, con él podía hablar de cualquier cosa.

- Lo cierto es que no seria un mal matrimonio – asevero Justin buscando las palabras exactas para transmitirla lo que sentía ante la idea – somos amigos, confiamos el uno en el otro – pauso durante unos segundos como buscando las palabras – tenemos los mismos gustos, defendemos las mismas cosas ….

- Si somos extrañamente compatibles al cien por cien – le interrumpió Maggy con una sonrisa en los labios – pero ….

- Nunca habíamos pensado en nosotros como un hombre y una mujer- termino por ella Justin.

Ambos volvieron sus miradas al cielo y se quedaron tendidos durante varios minutos perdidos en sus pensamientos.

Como de mutuo acuerdo giraron sus cabezas para quedar mirándose a los ojos.

- Podría ser una buena idea – aseguro Maggy no convencida totalmente de la misma.

Muy lentamente Justin se fue acercando hasta posar sus labios sobre los de ella. Fue un beso dulce, carente de pasión pero lleno de ternura y cariño.

Se separaron lentamente y escudriñaron en los ojos del otro tratando de adivinar el efecto del inocente beso que acaban de compartir.

- No !! – exclamaron los dos la mismo tiempo y ambos se echaron a reír a carcajadas, tardaron unos momentos en volver a ponerse serios y poder retornar a su conversación.

- No seria buena idea – aseguro Maggy sin volverse hacia él mientras seguía observando el cielo azul entre las ramas.

- No, la verdad es que no te veo como a una mujer en ese sentido – estuvo de acuerdo Justin desde su posición, tumbado a su lado – en fin, tendré que seguir buscando. – afirmo mientras se encogía de hombros con indiferencia.

- Me temo que si – Maggy se movió un poco para quedar más cerca de él.

Justin extendió el brazo y lo paso por debajo de su cabeza, sobre sus hombros para abrazarla y así permanecieron, dejando que los primeros rayos de sol de la mañana calentara sus cuerpos.

 

Continuara …………. ………..

 

 

 

 

 

 

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5 comentarios para “Seducida por un marques”

  • hola me en canta esta historia me gustaria ver que sigue lo espero desde hace mucho tiempo me entretengo bastante con estos relatos desde ya muchas gracias

  • Tienes razón hace mucho tiempo que no dedico un rato a esta historia, mis disculpas, intentare ponerme al día entre esta semana y la que viene.

  • noemi:

    gracias por seguir la historia esmuy buena choo

  • Espero poder subir pronto el siguiente capitulo, practicamente ya esta terminado.

  • noemi:

    hola amiga como estas espero no precionarte pero estoy esperando el siguiente capitulo gracias

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